Sumario: | Casos asignados por el extravío de menores: fuga del hogar y vagabundeo al departamento de Psicología, Asuntos Juveniles y Servicio Social del 1 de Enero de 1994 al 31 de Diciembre de 1995. Casos Asignados: el 84.5% fueron cumplidos y el 15.5% quedaron pendientes (tabla-1). Sexo: el 79.8% de los sujetos de estudio masculino y el 20.1% femenino (tabla-2). Edad del Menor: el 89.6% se encuentran entre 15-17 años de edad, el 5.7% entre los 12-14 años y el 4.6% entre los 9-11 años (tabla-3). Escolaridad: el 53.8% nos refiere encontrarse en secundaria, el 35% en primaria, 8-9% en preparatoria y el 2% es analfabeta (tabla-4). Lugar de Procedencia: el 87% es de Nuevo León, el 5.7% proviene de San Luis Potosí, el 4% de Tamaulipas y el 2.4% de Coahuila (tabla-5). Ocupación del Menor: el 87% de los sujetos de estudio nos refiere ser estudiante, el 7.8% realiza trabajos manuales y el 4.8% se encuentra sin oficio (tabla-6). Motivo de la Fuga: el 39% de los sujetos de estudio por problemas escolares, el 20.6% por mala comunicación y el 19.2% por autoritarismo (tabla-7). Reincidencia: el 69% de los sujetos de estudio no es reincidente y el 29% es reincidente (tabla-8). Uso de Sustancias Tóxicas: el 79% de los sujetos de estudio no usa y el 19.5% si usa (tabla-9). Tatuajes Corporales: el 84.7% nos refiere no contar con tatuajes y el 13.8% si. Los resultados anteriormente citados tienen una amplia concordancia con otros trabajos realizados con anterioridad como son: Jean Piaget, 1980, Seis estudios de psicología, en el cual refiere que el comportamiento antisocial en la niñez o adolescencia es muy difícil identificar una etiología única ya que estos sujetos están pasando por un nivel madurativo donde hay cambios rápidos y acelerados del cuerpo, cambios sociales y cambios mentales causando a veces una crisis en su comportamiento habitual. Pierre Male, 1986, en la Crisis juvenil, refiere que los cambios físicos, sociales y mentales del joven lo hacen entrar en una crisis juvenil, la cual se manifiesta en signos clásicos de oposición familiar y escolar. Según el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-III-R, 1987, manifiesta que para definir el comportamiento antisocial como un trastorno, se requiere que haya un patrón repetitivo de al menos tres comportamientos antisociales durante un periodo mínimo de seis meses.
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