Sumario: | Imagina por un momento que mañana tienes una cita que has esperado desde hace un tiempo. De alguna manera, pensabas que tal vez ya no sucedería. Tenía más de un mes que habías conocido a esa persona y habías dejado de pensar en la posibilidad de que la cita se diese. Sin embargo, y al lado de toda
expectativa, recibiste la llamada. Te invitó a salir. Inmediatamente, llegan a ti ideas, pensamientos relacionados a la cita. ¿Qué ropa usarás?, ¿quizás sea mejor un pantalón formal?, algo que quizás sea bastante llamativo, pero no como para parecer demasiado, como algo prefabricado. Estas ideas asaltan a tu mente, y no sólo las relacionadas a cómo vestirte, sino también a cómo comportarte y como ensayar una linda sonrisa.
En este momento, el lector -que ha imaginado esta interacción entre dos personas-, ha encontrado algo extraño. Quizás para una lectora sea mucho más fácil identificarse con la historia, pero, para un chico, quizás esto sea más difícil. Pensar en que ponerse durante la cita y esperar la llamada de alguien nos hace pensar en un rol asociado a las mujeres. Pero ¿por qué nos es más fácil pensar que son las chicas quienes esperan la llamada de los chicos y no viceversa? Incluso, cuando la persona se ha preguntado sobre qué vestir, ¿qué nos hace identificarnos más con una chica, que con un chico? De hecho, en ningún momento afirmamos que la persona que recibió la llamada fuera una chica y que, aquel que iniciaba la llamada para pedir una cita, fuese un chico.
|